la mafia no descansa

Elí Urbina presenta nuevo libro "La Sal de las Hienas" en el 3°Festival de Poesía de Barranco

El poeta presentará su nueva obra el jueves 09 de noviembre en el Dragón de Barranco. Av. Nicolás de Piérola 168 a partir de las 7:30pm. 

Publicado: 2017-11-06


Este jueves 09 de noviembre en el Dragón de Barranco, se presentará el libro de poemas La Sal de las Hienas de Elí Urbina. La cita es en Av. Nicolas de Pierola 168 Barranco a partir de las 7:30 pm. La obra se presentará en el marco de la clausura del 3° Festival de Poesía de Barranco. Se recomienda la asistencia a los escritores y poetas que se encuentran en Lima. Compartimos una reseña realizada por Ítalo Morales, y tres poemas del autor.

Evento en facebook

Fanpage  Plectro Editores



LAS SAL DE LAS HIENAS: UNA METÁFORA DE LA DESTRUCCIÓN

Por Ítalo Morales

La sal de las Hienas (2017) de Elí Urbina, libro cuajado y potente, abarca un abanico de imágenes luctuosas, dantescas, que viajan desde el sueño/pesadilla y emergen hacia el lenguaje como carroña festiva y sangrienta. Es un texto plagado de símbolos arcaicos y modernos, donde dioses, muerte y olvido copulan en ferviente vértigo.

No obstante, en la brevedad del poemario hay una recurrencia temática, un hilo que lo ata de principio a fin: el viaje nefando hacia el abismo. En la búsqueda metafísica de la otra cara de la cosas, acaso más que la muerte misma, el yo poético no se cansa de husmear la eternidad de lo que no cesa. La vida puede ser vértigo, pero a veces la muerte es más intensa, como emblema. Ya los románticos insinuaron que la muerte era bella cortesana. No por algo hay siete menciones a la palabra “muerte”, así como un importante registro de fraseologías o metáforas que convoquen lo semejante: “carne de perro fantasma”, “Ya somos piedra”, “la carne destrozada”, “los perros solitarios”. Las imágenes no son gratuitas, sino que expanden su significado hacia otros símbolos que pretenden evocarlo, como la caducidad de la vida, el deterioro, la infelicidad y el hartazgo. Las palabras siempre vinculan el mundo hostil, mediante referentes unívocos como: Noche=muerte=fantasma=piedra, que juegan el mismo rol.

Muy propios del surrealismo de Antonin Artaud, donde el poeta parece haberse nutrido, los versos son disparadores de mensajes fragmentados sobre el deterioro. Por eso la sal no es solo un aderezo, sino también un contenido. En muchas culturas la sal simboliza la incorruptibilidad. Con ella se perpetúa el cuerpo. Los gusanos no llegan y ocurre la suspensión de la materia, del soma.

En el poema Mirra inicia: He visto el rostro de mirra, con lo cual impulsa un salto en el conocimiento que se va tensando en un no saber, en una incertidumbre que se revela en las palabras que se oponen: “el eje de los mundos que conozco/y desconozco /caricias que no son” como una continuidad, donde el yo lírico se pierde entre el espejo, que es a la vez un lugar de la muerte. El misterio. La nada. Mirra, en la mitología griega fue acusada de incesto con su padre y condenada a ser árbol, que es lo mismo que padecer. El saber puede ser fuente de misterio y de desdicha. ¿Es acaso el no saber una forma de ser más auténtico? El hombre siempre parece un ser condenado a saber, a multiplicar los sentidos para acceder al mundo. Y es ahí donde el cuerpo se convierte en fuente de experiencia y conocimiento, ya sea de amor o de desamor. Sobre el cuerpo el sujeto histórico revela el mundo que le es dado y sobre ese cadáver elabora su discurso. Gran parte de la poesía del siglo XX se ha edificado sobre estos cadáveres exquisitos.

En Los mares de otro cráneo la anáfora de “ya somos piedra “siempre es una condena de sí mismo, pero a la vez un estado de no-ser. La piedra es estéril como en las mitologías amerindias. No produce sino infertilidad o contemplación de la muerte. Hay un vértigo que no se sabe de dónde viene: he ahí la angustia y el delirio, porque cuando el poeta asoma sus ojos al vacío solo haya un enorme hueco que se repite hacia adentro. Es interesante acceder a este tipo de metáforas ya que la piedra o el cráneo sirven para construir un infierno similar al del Bosco.

Hay una continua mención a los fluidos del cuerpo como expresión de lo acabado, lo inservible: “vestigios de un asco ancestral”, “los escupitajos de los dioses”, “los excrementos de los dioses”, “los despojos”, “hombres que escupen en silencio”, “Entre los racimos de saliva y sangre”. No es casual ya que hay una persistente paranoia de destrucción, es decir, de celebración inconsciente de la destrucción. Es un camino hacia la locura adrede, como si fuera un método, una technique que es muy común en los amantes del surrealismo. El cuerpo es materia orgánica que se desecha y sus fluidos como la saliva o el excremento son símbolos de su persistencia. Hay rastros de Pizarnik en las entrelíneas.

En medio del devaneo y de la locura emerge un nombre que puede ser abisal o real: “palpo una palabra/ es el nombre/ el otro nombre de estos mares”. No importa quién pueda ser. ¿Acaso la clave del amor que lo supera todo?

Ahora está frente a la muerte: “Así es la muerte/nosotros no creíamos en ella / y ahora habitamos/ los dormitorios de los huesos.” Hay una perfecta sinfonía donde aletea la danza de la muerte, en continua elipsis de versos que se atraviesan con símbolos caducos y grises: la hiena, como emblema de lo perverso y la sal, como indicio de lo inerte: “ciudades hundidas en las venas”. Hay un entonces un viaje hacia el reino de lo sufrible: “El furgón se abre paso entre la noche/ el viento nos despeina/ y nos adentramos en lo incierto”

Un periplo dantesco que se inicia en el delirio, en la metástasis, o acaso en la vuelta de la razón: hay una continua espiritualidad que a la vez rechaza lo sagrado. Un elocuente malditismo recorre los versos. Los ecos de Baudelaire flotan en las palabras. Es por eso que al final del viaje hay una cierta desesperanza, que no se agota con el lenguaje, sino con la postrera: “La muerte se avecina/ pero ya estoy en medio de la muerte”. El yo lírico ha contemplado la duración que es horrenda fábula, el vacío metafísico se levanta sobre la noche y entonces: “Tal vez ya es suficiente/Quizá de nada sirve/ alzar estas palabras contra la soledad”.

Ahora hay un Dante que viaja dulce hacia la muerte. Hay tinieblas y hay luz. Pero pesa más el canto rodado de la soledad. Y es que cuando todo es quietud da gusto volverse contra la realidad, darle un golpe al azar. El amor parece hecho jirones en medio del camino desandado. En esa búsqueda de la sensatez el yo lírico descubre la resaca de la vida: gusanos en los bolsillos y un nombre que será el del poeta: “Aún no escribo mi nombre/ en la piedra volcánica del tiempo”

Y es que en la búsqueda de la totalidad no se puede dejar de mirar al pasado, hacia el eterno retorno, donde la infancia lo purifica todo, como en Juan Ojeda. No hay lágrimas ni responsos, solo cuadros volteados, donde huele a sangre y perfume de la niñez: “Sé que del otro lado de la puerta/ hay otra puerta que es mi herida/ […] el recuerdo de mi infancia”.

Corolario: El poemario es gratificante porque inunda de imágenes y de ritmo; desenvuelve el caos y lleva la metáfora hacia al límite, como lo hacen lo buenos poetas. Se abisma de miedo, enfrenta la pesadilla y celebra la muerte con ferocidad y risa, al igual que las hienas en la noche.


Elí Urbina (Chimbote, Perú 1989) Poeta, investigador y licenciado en letras. Dirige la plataforma electrónica de poesía, Santa Rabia Magazine. Ha sido invitado a conversatorios, lecturas, festivales de poesía y exposiciones de artes visuales en Valparaíso, Cusco, Lima, Barranca, Trujillo e Iquitos. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, serbio, griego e italiano, y también aparecen en diversas antologías, incluyendo Plexo Perú, Poesía Gráfica (Editorial Quimantú y Casa Azul, 2014). Ha realizado estudios de Crítica de Arte (Node Center for Curatorial Studies), y actualmente cursa la Maestría en Ciencias de la Educación con mención en Docencia e Investigación (UNS). La sal de hienas, es su primer libro de poemas.


II. LOS MARES DE OTRO CRÁNEO


I

El jade del delirio

fulge en tus ojos

Ya somos piedra

bebemos la bilis de las olas

los escupitajos de los dioses

Ya somos piedra

guardamos en nosotros

los golpes del odio contra el hueso

los golpes del odio contra el odio

Ya somos piedra

el epicentro de la sangre

la carne destrozada

la frente de los perros solitarios

que deambulan sin destino



III  

En estas aguas abisales

entre la niebla de las ratas

y los excrementos de los dioses

palpo una palabra

es el nombre

el otro nombre de estos mares

Aquí reposan

las venas roídas de la noche

y los labios del espejo

Aquí los huesos del tiempo

y los despojos de ese dios

que blandió su látigo

contra las sombras de las flores

los pasos del amor

los pasos del odio

aquel polvo exacerbado

y los hombres que escupen en silencio

las letras de sus nombres


LA SAL DE LAS HIENAS

Así es la muerte

nosotros no creíamos en ella

y ahora habitamos

los dormitorios de los huesos

regamos la hierba

el cabello de las mujeres

que amamos y de ese padre

que no tuvimos

Porque tuvimos la noche

la sal de las hienas

el amor silencioso de los árboles

esa miel que los dioses despreciaron

y que los niños esculpieron

olvidando sus propios nombres

Montañas de arena y cabellos

cúmulo de escombros y de olvido

moles de piedra y también de caña

el licor de las estrellas sin nombre

el lenguaje de la sordidez

y del amor


Escrito por

PLECTRO Editores

PLECTRO EDITORES es una Editorial Independiente y una Plataforma de Comunicación Intelectual, Poética y Artística.


Publicado en

PLECTRO EDITORES

PLECTRO EDITORES es una plataforma de comunicación intelectual, poética y artística. promotora de la cultura y el conocimiento.