la mafia no descansa

Poemas de Fernando González-Olaechea para el 3°Festival de Poesía de Barranco

El poeta peruano participará en noviembre de la tercera edición del gran festival de la palabra en Barranco 

Publicado: 2017-10-07


Fernando González-Olaechea nació en Lima el segundo día de mayo de 1986. Estudió periodismo y se ganó la vida de eso por 10 años. Ha escrito desde Lima y Cusco, donde vivió como corresponsal, para el Comercio. El 2013 fue a vivir una temporada a Madrid, tras ser becado por un programa para periodistas latinoamericanos. Ha participado en distintos eventos poéticos, como el Festival de Poesía de Lima y el Primer Festival de Poesía de Barranco. Postales (Paracaídas Ed., 2014) --una aproximación poética a la naturaleza errante del ser humano, interna y externamente-- es su primer libro. Hoy trabaja en otros dos. 

El poeta participará en la tercera edición del Festival de Poesía de Barranco que se dará del 7 al 10 de noviembre de 2017 en los principales bares culturales del distrito. La inauguración será el martes 7 de noviembre en Dada Bar, miércoles 8 en Victoria Bar, jueves 9 en el Dragón de Barranco y clausurando el viernes 10 en la Posada del Pisco. 

Los recitales comenzaran a partir de las 7:30pm hora exacta. Les recomendamos agendar los eventos para no perderse ninguna fecha.

Enlace del evento en facebook del 3°Festival de Poesía de Barranco

Plectro Editores


Arte(sanía) menor

Pongamos que hablo de mí,

quiero decir,

pongamos que me atrevo a hablar de mí

y que lo hago sin amagues.

Que hablo de mí

sin decir que no

o intentar no hacerlo porque,

a fin de cuentas,

siempre lo hago.

Entonces podría decir cosas como:

hoy me levanté y caminé

sobre vidrios verdes

sin hacerme daño

a pesar de andar descalzo.

Podría decir

que salí de casa sin desayunar.

Que dormí de más.

Que no recuerdo

mis sueños, que sospecho

que no tienen colores

y que se los invento

cuando los reconstruyo.

Que tengo tos.

Podría decir: por la tarde sentí pena

e incluso que fue una pequeña

y que estuvo situada (sitiada)

dentro del pecho

y no tener que hallarle un símbolo

--un alacrán--

ni un símil

--como una piedra morada

al fondo del Atlántico--.

Esta tarde es fría como

las tardes de junio

y yo sostengo un puñal

con un filo brillante

semejante al perfil

del Ausangate

para tallar mi voz.

Arduo trabajo el del artesano.

Y mal remunerado.


Cacería 

Esta escritura

es una cacería

y yo tengo solo

mis manos

con sus palmas ásperas

y mis pasos torpes

que aplastan

las ramas

y revelan con crujidos

mi intención.

Procuro el sigilo y avanzo,

respiro excitado,

como si estuviera

en cama por primera vez

entrando

en un cuerpo tibio

y amable, pero estoy solo

caminando

con estos pasos pesados

que no me dejan ser invisible;

mi camuflaje es el brillo del ocaso

sobre el asfalto,

hay risas colgándome

de las mangas y no ayudan,

hacen bulla,

uno no puede cazar

con esta bulla,

de los pasos y las risas,

pero las tengo

y sacarlas es otro problema

que no busco resolver.

Soy un mal cazador,

porque contemplo

mis presas con asombro

y, en secreto,

solo las tomo

para que no sigan cambiando,

ave vuelta

tigre vuelto

buey vuelto

montaña vuelta

luz violeta vuelta

lluvia, ven,

te tengo,

no, solo la sombra,

y ni eso,

mala suerte la mía,

de pobre cazador.

Esto es una cacería

y yo soy un idiota

parado con las manos vacías

y ni siquiera listas

para el aplauso,

mas podría arder todo

si lograra caminar sin hacer bulla,

avanzar como las horas del otoño

que nadie nota,

pero no puedo,

solo contemplo detrás de arbustos

y paraderos y escritorios,

contemplo y sobo mis manos

para darles algún uso.

Hay que imaginarlo:

llamas que atrapen todo

y se atrapen a ellas,

la cacería vuelta

hecatombe y comunión.

Todo ardería.

Y yo estaría dichoso

entre aquellas flamas.


Viaje de trabajo 

Esta noche abrirás surcos

entre las tempestades del Atlántico

--cierta práctica pudo ser abrirlos

en mi soledad y en mis breves iras--.

Serás un punto brillante sobre el cielo y

si algún pescador se hubo perdido,

podrá seguirte con fidelidad infrecuente,

ojo luminoso sobre el firmamento,

y yo envidiaré su suerte

desde este cuarto súbitamente grande

que anida ecos en cada ángulo.

Yo, animal deshabituado a los prados,

me enroscaré sobre mi sombra a falta de

cavernas suficientemente secas

en las que indague el corazón de alguna montaña

como el animal de invierno.

Me acostaré dos horas después

que cualquier ciudadano respetable y tendré

la cocina sumida en completo desorden y abandono:

las ollas serán los sucios escombros

donde las hormigas y los mosquitos

del departamento de al lado expandan su imperio.

Tú recorrerás las calles sangrantes de París

y yo las polvaredas

al este de Lima,

mas nuestros íntimos cantos se tocarán

como nuestros pies lo hicieron anoche;

un roce tuyo bastará para sanarme, corazón;

esta es mi liturgia y mi ofrenda,

cuyo humo se elevará

en estas palabras que habrán de llegarte

como un viento insignificante,

cuando subas al avión que te traiga de regreso a mí.


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